¿Quién es ella?

Mira al espejo con esperanza de hallar la respuesta, pero tan solo encuentra el silencio como respuesta.

Sus labios temblorosos entonan una melodía apenas inaudible, pero que le encoje el pecho y se aferra a él en un último aliento desesperado. Es una melodía con matices nostálgicos que evocan un sentimiento de tristeza incontrolable que se abre paso, atravesando cada rincón de su aparente frágil cuerpo y desgarrando todo cuanto alcanza.

Ahoga un grito sordo y desesperado en esta canción que nunca acaba, mientras que de sus ojos, que se mantienen fijos, comienza a brotar el desahogo. Es amargo y dulce a la vez, deshaciendo el nudo que se aferra a su garganta y bañando su rostro para dejar cicatrices en el alma, ya cansada de que duela.

Esos ojos se encuentran velados por el brillo de la tristeza que la acompaña y rebelan aquellas verdades que sus palabras enmascaran.

No siente refugio alguno que la ampare, ni palabras que la consuelen.

A su lado, aprecia SU presencia, que clava su mirada más allá del espejo.

  • ¿Quién es ella? – le pregunta, apenas con un hilo de voz, haciendo acopio de toda su fuerza, pero sin esperar respuesta alguna como ya suele acostumbrar.

 

  • ¿Quién quieres qué sea? – responde, tras un breve silencio.

 

Y de repente, SUS ojos buscan los de ella.

Respira

Respira.

¿Qué es eso que tanto callas y que, sin embargo, tu interior grita?

Respira, solo respira.

Ellas se precipitan, resbalan y te abaten con cada uno de sus pasos, pero ya no te libera su caída.

Respira, tan solo respira…

¿Sientes ese fuego que con su abrazo te impide la huida?

Respira, por favor… respira.